Elaboración de pan y hornos comunales

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En el entorno rural riojano siempre ha existido la costumbre de elaborar el propio pan, ya fuese en los hornos familiares o bien en los hornos comunales, de este modo Camprovín no fue menos.

Era habitual tener un horno comunal en aquellas localidades donde hombres como mujeres solían trabajar en fincas lejanas o en otros pueblos. Cuando era así, varias mujeres se encargaban de amasar y cocer el pan para el resto del pueblo, y es aquí, donde volvemos a ver el papel de la mujer encargada a las labores del hogar. En la localidad de Camprovín había varios hornos familiares, ubicados en las casas de los vecinos y vecinas del pueblo, que dejaron de funcionar en la década de los 50. Estos hornos, aunque no eran comunales como tal, hacían la misma función, ya que, según varios testimonios nos cuentan que las dueñas de los hornos con la ayuda de varias mujeres se ofrecían a amasar y hornear el pan para el resto del pueblo.

Podemos observar a lo largo de toda La Rioja que no existe una tipología única de hornos, sino todo lo contrario, hay una gran variedad en cuanto a los materiales de construcción. Y los lugares donde eran colocados variaba en cada pueblo, en alguno se colocaban en la entrada de la casa, en el último piso junto a la cocina o en el exterior.

Así que, las mujeres de Camprovín eran las encargadas de esta labor hasta la aparición de las panaderías, que por testimonios de vecinos, conocemos que alrededor de la década de los 70 existían tres “despachos de pan”, donde se podía comprar pan desde primera hora de la mañana, dos de ellas traían pan de Nájera y la otra de Bobadilla.

Arturo Villar, vecino de Camprovín, recuerda cómo era ir a "pagar" las hogazas de pan.

La preparación del pan se convirtió en un auténtico ritual religioso que solía ir acompañado con diferentes oraciones del tipo: Dios te crezca, Dios te aunezca…

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