Encina Centenaria

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En lo alto de una colina al este de la localidad encontramos la Ermita de la Virgen del Tajo. Desde allí se puede llegar a ver la Sierra de la Demanda, la Sierra Cantabria y Rioja Alavesa, el Serradero y el Valle del Ebro, casi hasta Logroño.

Al lado de la ermita se conservan dos encinas centenarias de entre 500 y 700 años, según los trabajos de investigación efectuados en el año 2006 por un profesor de la Universidad de la Rioja.

 

LA LEYENDA DE LA ERMITA

Quienes habitan Camprovín, siempre han conocido la leyenda de La Virgen del Tajo que da nombre a la Ermita. Esta historia se rememora en una de las dos encinas centenarias conservadas junto a la ermita y en el lienzo del Bautista del retablo. Esta leyenda no es única dentro de la tradición religiosa riojana, sino que pertenece a un modelo mítico, el de la aparición de imágenes religiosas ubicadas en lugares considerados sagrados. Este mito se manifiesta en multitud de variantes por toda la Península Ibérica y Europa. El origen de estas tradiciones se remonta a la época de dominación árabe. Estas imágenes existirían con anterioridad y serían escondidas entre árboles y zarzas para evitar su captura por parte de los árabes. Tras la expulsión de estos las imágenes serían descubiertas y rescatadas por la comunidad cristiana.

"Un hombre de la localidad se acercó al monte a cortar leña y comenzó a cortar una encina con su hacha. Estando en medio de la faena, una voz le dijo desde el interior del árbol: "Tajo, no cortes ni más arriba ni más abajo o me cortarás un brazo". De esta manera encontró a la Virgen en el interior de la encina."

LEYENDA SEGÚN ALEJO IBÁÑEZ Y RECOGIDA POR QUIJERA PÉREZ

Hoy en día, a la sombra de estas encinas centenarias, se celebra la merienda de la Ermita, una festividad muy arraigada en Camprovín.

Rutas cercanas

En el paseo a la Ermita podremos disfrutar de los lugares más emblemáticos de Camprovín, la Iglesia de San Martín, la Ermita de Nuestra Señora del Tajo, la necrópolis medieval, el museo local, la antigua fábrica de embutidos, los calados o una fuente del s. XVI.

Pero no podemos olvidarnos del paisaje caracterizado por el color rojizo de su tierra. En las zonas más altas encontramos bosques de haya, roble y encina, entre los cuales podemos descubrir ejemplares de hasta 700 años. Más abajo contemplamos pastos con variedad de herbáceas, majuelos o escaramujos, también cultivos de viñas, olivos y en menor medida cereal y árboles frutales.

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