Lavado de la ropa

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El lavado de la ropa a mano en lavaderos, fuentes o en el río Najerilla, era un trabajo de cuidados realizado en su totalidad por las mujeres.

El agua corriente no llegó a Camprovín hasta la década de 1970, razón por la cual, muchas paisanas todavía lo recuerdan vivamente. El lugar de lavado variaba en función de la época del año o del tipo y/o volumen de ropa a lavar. Se trataba en cualquier caso de un trabajo en el que participaban desde niñas.

¿CUÁNDO SE BAJABA AL RÍO?

Las costumbres en cada familia eran ligeramente diferentes y cada mujer tenía sus lugares preferidos para el lavado de la ropa. En algunos casos, antes de que llegara el agua corriente a las casas, dependía de los turnos de riego y de la cantidad de agua disponible en los "ríos" que atravesaban el pueblo.

El lavadero, las fuentes y los ríos eran los espacios de lavado a los que iban las mujeres. 

Trabajo y fiesta entremezclado.

LAVADO EN FAMILIA EN EL NAJERILLA, ¿FIESTA O TRABAJO?

El lavado tradicional en el río Najerilla era un trabajo de cuidados realizado por las mujeres que se entremezcla, según la perspectiva de quien te lo cuente, con una de las fiestas que con más cariño se recuerdan.

Al final del verano, una vez terminadas las tareas más duras del campo, como eran la siega y la trilla (recoger la cosecha), las familias aprovechando que había que lavar la lana de los colchones y otros textiles, pasaban el día en el río. Los hombres pescaban algún cangrejo, barbo o trucha; lo que el río les diera para luego en el fuego hacer algún guiso o paella. Mientras, las mujeres, madres o mozas lavaban la lana de los colchones y otros enseres voluminosos.

La chiquillería, dependiendo de las edades, unos nadaban otros aprendían y los más pequeños al lado de las madres.  Trabajo y fiesta entremezclados, alegría y comidas familiares en un entorno agradable. Eran días de fiesta, días de Septiembre.

 

LOS APEROS DE LAVAR

La tabla de lavar se construía con una pieza de madera plana en cuya superficie se realizaban una serie de relieves o corrugaciones para frotar la ropa ya enjabonada con jabón casero que elaboraban las mismas mujeres.

El cajón de lavar tenía como principal objetivo proteger las rodillas del agua. Una de las partes se apoya en el suelo y otro en la parte delantera para impedir que la lavandera se moje las piernas. Tanto el cajón como la tabla se llevaban hasta el río, lavadero o fuente, junto con el cesto de la ropa sucia y el jabón. Una vez allí se elegía un sitio en el que hubiese un poco de profundidad y corriente para que la suciedad no se quedase estancada. Se colocaba la tabla de lavar con una parte dentro del agua y detrás se ponía el cajón. De rodillas, las mujeres mojaban la ropa, la enjabonaban, la aclaraban y la dejaban limpia. Las prendas con manchas que se resistían se enjabonaban y se dejaba “Al oreo”, para que el sol ayudase a ablandar y blanquear las prendas. Incluso se utilizaba el blanqueado de la ropa blanca con ceniza (origen de la lejía).

 

EL OFICIO DE ALAMBRADO

El uso de objetos de cerámica era común, como tinaja para la conserva y transporte de alimentos y en este caso, para el blanqueado de la ropa. Era común que a veces las piezas se rajaran. Era entonces cuando el alambrador, que visitaba el pueblo de vez en cuando, las reforzada "grapando" las grietas. Esto aumentaba mucho su durabilidad y aseguraba la estanqueidad hasta el punto de que siguen siendo usables a día de hoy.

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