Elaboración de comida

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La alimentación siempre ha sido parte importante de la cultura de cualquier comunidad. Del mismo modo, la alimentación y por ende, la cocina, siempre estará vinculada con la historia, con lo que somos y a lo que pertenecemos, es decir con nuestra identidad. 

Por ello, los saberes  y prácticas culinarias que se han adquirido en las cocinas de Camprovín son parte fundamental de la herencia transmitida de generación en generación.

 

 

LA COMIDA DIARIA

La comida diaria era el cocido de caparrones que podía incluir carne de cerdo o cordero y eran las mujeres quienes se encargaban de cocinarlo de manera conjunta. Recuerdan que, a las 12h, sonaban las campanas avisando de que tocaba revolver el puchero y añadirle las patatas, arroz o habas.

Los domingos, para distinguirlos de otros días, se cocinaban garbanzos. Es por eso que la campana que avisaba, se llamaba la garbancera.

"¡Suena la campana para revolver el puchero!"

Otro claro ejemplo de cómo la comida y la cocina ha marcado nuestra identidad como colectivo fue la elaboración de pan. Era costumbre elaborar el propio pan en los hornos comunitarios y era un trabajo realizado por mujeres. Ellas eran las encargadas de amasar en casa la harina de trigo o de centeno y una vez fermentada llevar la masa al horno comunal para cocerla. 

 

LA MATANZA Y LA ELABORACIÓN DE EMBUTIDOS

La elaboración de embutidos es una de las tradiciones más importantes de Camprovín. Prueba de ellos es el número de fábricas de chorizos que había hace 100 años. Por aquel entonces, todas las familias de Camprovín contaban con al menos 1-2 cerdos que alimentaban y engordaban poco a poco durante el año con productos naturales cultivados por los vecinos y vecinas de la localidad. Productos como la harina de cebada, el forraje, verduras, remolacha, etc. El proceso de la matanza apenas ha variado a lo largo de los años salvo por los instrumentos utilizados que se han ido modernizando para facilitar el trabajo.

Durante el mes de enero se sacrificaba al animal. Este proceso normalmente era realizado por un matarife. 

Después, se chamuscaba el cerdo, se sacaba el vientre y se colgaba al animal para airear la carne hasta el momento de ser cortado. Este proceso se solía hacer en la puerta de casa donde poco a poco se cortan las piezas del animal: costillas, lomo, tocino, careta, etc.

Al día siguiente, la carne del animal se picaba. Este proceso era realizado por mujeres y en grupo. Por turnos, se ayudaban unas a otras en sus respectivas casas. Como tantos otros trabajos comunitarios, se convertía en un acto social asociado al trabajo. Adobaban la carne picada en barreños de barro con diferentes especias y lo dejaban macerar uno o dos días. Después, rellenaban los chorizos.

La costumbre de realizar la matanza de manera conjunta y elaborar los embutidos se ha ido perdiendo a lo largo de los años pero en Camprovín siguen existiendo personas que mantienen la tradición y que lo ven como una festividad para reunirse con familiares y amigos. 

QUESERÍA EN CASA

Antaño, tras la obtención de la leche de cabra o vaca para su posterior venta, había parte de esa leche que se dejaba para la realización de quesos frescos. Estos quesos frescos también eran para vender aunque siempre había una parte que se guardaba para el autoabastecimiento.

Una vecina de Camprovín nos cuenta cómo elaboraba el queso fresco. 

CONSERVAS

La elaboración de conservas era indispensable para asegurar la conservación de comida para los meses del invierno. A partir de esta necesidad, se ha generado una cultura gastronómica importantísima para los paisanos y paisanas de la zona.

Una paisana de Camprovín nos habla de ello.

 

Receta de cintas de lomo adobadas

Una vecina recuerda cómo era el proceso que hacían para conservar comida.

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